martes, 12 de enero de 2010

Bosco Gutiérrez: un hombre de fe que supo levantarse


Por: Janite Fuentes

Aleccionadora y realmente tenaz es la historia del arquitecto Bosco Gutiérrez, un mejicano que permaneció secuestrado durante nueve meses. He conocido casos de secuestrados y debo decir que el de Bosco dista mucho del típico cautiverio lleno de dolor, sufrimiento, y ganas de morirse. Es muy diferente y la diferencia está marcada por la forma en que él asume su momento de desgracia.

Particularmente, me parece que Bosco demuestra eso que habitualmente expresamos más para justificar errores que para enfrentarlos con entereza: “lo importante no es caer nunca sino saberse levantar”.

Conocer historias de gente que ha sido retenida a la fuerza siempre impresiona mucho porque en ellas se puede apreciar cualquier cantidad de arbitrariedades, que van desde la falta de buena alimentación y cobijo hasta la tortura y una larga lista de violación de sus derechos humanos. Y es natural que una persona que esté pasando por semejantes circunstancias que le generan tanto dolor y desespero prefiera morir antes que seguir viviendo esa terrible realidad.

Sin embargo, la historia de Bosco Gutiérrez, quien por instantes deseó morir ante su situación de encierro y su remordimiento por haber confesado a sus secuestradores- de manera obligada- todo sobre la vida e intimidad de sus familiares, allegados y amigos, es distinta y causa impresión no por lo que padeció, sufrió o por todo lo que le fue negado sino por la voluntad con que decide darle un vuelco rotundo y contundente a la pésima coyuntura que estaba viviendo, a lo que él llama “una historia de nueve meses de soledad”.

Este hombre cayó en una gran depresión que lo mantuvo 16 días tirado en el piso, justo luego de haber declarado a sus captores la intimidad de su familia y allegados. Sin embargo, confiesa que se empezó a sentir mejor después de haber escuchado la voz de Dios y haberle entregado en sacrificio un Whisky que de manera excepcional le habían concedido sus secuestradores.

Desde ese momento en adelante la historia se transformó porque él logró cambiar sus sentimientos de desanimo por medio de la acción. Pasó de estar tirado en el suelo no haciendo nada a hacer un montón de cosas que redundarían en su beneficio. Darse ánimo a sí mismo fue un punto de partida que contribuyó en gran medida porque era una tarea de actividad tras actividad para evitar decaer, para mantenerse en perfecto estado físico y mental.

También logró controlar sus sentimientos para que su permanencia en ese pequeño recinto donde estaba retenido fuese más equilibrada. De este modo, pudo advertir que sentirse bien dentro de lo que cabía era posible y enfocó sus habilidades en sentirse cada vez mejor.

Así pues, que desde el mismo momento en que Bosco empezó a animarse y a ver su situación desde otra perspectiva su voluntad de hacer bien las cosas prevaleció en todo momento al punto tal que cuidarse era su principal labor y responsabilidad, tarea dura y complicada estando encerrado en un cuartico de un metro de ancho por tres de largo en donde sólo había un WC y una cubeta con agua, que era la misma para tomar y para echarle al excusado.

La voluntad de este hombre le llevó también a dejar de lado la angustia y aceptar las cosas que le estaban ocurriendo y que no podía cambiar en lo inmediato; con esta misma fuerza de voluntad se motivó a sí mismo y se llenó de un optimismo que mejoró su actitud ante la vida.

Sin duda, que el grado de dominio emocional de Bosco es determinante en el desenlace de su secuestro porque este hombre consiguió controlar lo que sentía y encaminarse a superar el contratiempo. Su voluntad movió la inteligencia y todo esto le ayudó evaluar las dimensiones del problema y a proponerse realizar una serie de actividades que lo distrajeran para de este modo pensar menos en su pena y mantenerse sano, activo y hasta planificar lo que sería su fuga.

Este hombre secuestrado realizaba en el pequeño cuartico donde estaba encerrado una rutina de actividades que lo mantenían ocupado durante todo el día: limpieza, lectura, oración, meditación, ejercicio físico, comer, bañarse y dormir, entre otras cosas y trataba de dedicar al sueño las ocho horas habituales.

Debo decir que él no evadía el problema sino que lo abordaba de manera inteligente para evitar que la tristeza y los sentimientos adversos lo dominaran. El necesitaba estar ocupado para dominar la imaginación y para bloquear todos los pensamientos negativos que pueden venir a la mente de una persona secuestrada, sola y sin noticias de lo que ocurre fuera del encierro.

Fue muy inteligente al volverse sobre sí mismo de manera reflexiva y llamarse la atención sobre lo que le estaba ocurriendo, detener la depresión y salir adelante por él, por su familia y demás seres queridos.

Considero que en situaciones como esta es muy fácil enfermarse, sin embargo, la actitud de entereza de Bosco y el mantenerse activo le favoreció ya que como él mismo confiesa nunca le dio migraña, ni se sintió mal del estomago, no le dio gripe (aunque estaba desnudo), no le dio claustrofobia, no se enfermó de nada. Además no sentía miedo.

Durante todo el relato de Bosco se puede apreciar su ferviente creencia en Dios, de hecho es un cristiano, fiel seguidor, tanto que aún en su cautiverio se mantuvo en comunión con Dios, leía la Biblia, rezaba y meditaba a diario y hasta llegó a acercar a sus secuestradores al conocimiento de Dios. “La oración es la actividad más productiva del ser humano. No hay nada más productivo que la oración; es la gasolina que hace que nosotros caminemos. La medida de tu oración es tu medida de cristiano y la medida de tu oración es la medida de tu paz espiritual”, es parte de lo que Bosco expresa con respecto a la comunicación con Dios.

Increíblemente y aunque resulte paradójico este mejicano logró ser feliz en su cautiverio, tanto que hasta confiesa que la mejor Navidad de su vida es la que pasó secuestrado y esto se debe a que: “es la Navidad en la que mayor satisfacción espiritual he tendido, yo no sé las otras, pero aquí me la pasé chambeando por mi jefe (Dios), y aparte me la pase encuerado chambeando por él, sin cosas materiales que contaminaran mi mente, en esta situación en donde el desprendimiento es lo más importante, bueno esa satisfacción- seguramente tú la has tenido- es la felicidad, esa si es la verdadera felicidad ”.

Esta experiencia le permitió a este arquitecto valorar más la vida: los amaneceres, el amor de sus hijos, el caminar, el conversar con alguien, entre otras pequeñas cosas de la vida.

Después de su escape Bosco recuperó definitivamente la libertad en todos sus planos: la fundamental, la de elección, la moral y la social.

Sin embargo, hay que reconocer que en cautiverio este mejicano no perdió todas sus libertades, preservó la libertad fundamental, entre otras cosas porque siempre tuvo infinitud de pensamiento y voluntad. Esa misma voluntad que le hizo recuperar la dignidad al asear el recinto en el que estaba encerrado y desinfectarlo hasta sentir que aunque estaba secuestrado tenía dignidad y era un hombre limpio. En este sentido fue auténticamente libre.

El mantenerse en oración, el involucrar a los secuestradores en el conocimiento de la palabra de Dios, el obrar con inteligencia sin dejarse llevar por las pasiones fueron algunas de las acciones que le permitieron a Bosco mantener su libertad moral.

Por supuesto, que perdió ciertas libertades como la de elección porque estaba encerrado de manera forzada y esto le impedía tomar muchas decisiones y la libertad social porque no podía realizar sus proyectos personales, familiares ni laborales. No obstante hay que precisar que tuvo oportunidad de desarrollar sus capacidades, tal y como lo hizo dedicándose a la oración y al ejercicio físico.

Esta historia que yo podría llamar de valentía, atrevimiento, fe, seguridad, amor, inteligencia, fuerza de voluntad y creatividad, como ya les comentaba me impactó por la forma en que el arquitecto mejicano decidió asumir su realidad, superar la depresión y seguir adelante con “una rutina diaria” pensando en mantenerse sano y activo, pero sin duda que su gran fe es lo que más me cautivó y muy específicamente su mensaje final me parece estupendo.

“En esta vida no existen las coincidencias todo es providencia y nada de lo que nos sucede física o espiritualmente carece de importancia. Nuestra vida es la suma de estos acontecimiento que por una razón siempre justificada y con una visión plena y perfecta Dios nuestro señor permite dentro de su santa voluntad buscando siempre como un padre bueno, el padre bueno por excelencia, el bien de sus hijos. Durante todo ese tiempo en eso consistió mi lucha en eliminar cualquier obstáculo que pudiera alejarme de Dios para poder descubrir con mayor claridad su voluntad tan aparentemente absurda en los acontecimientos que sucedieron, pero que hoy pasada la tormenta veo con claridad. Dios sabe más, nosotros somos muy limitados para entender lo que sucede, el por qué de las cosas. Debemos por eso adquirir objetividad y saber que no siempre lo queremos es lo que más nos conviene…”

En definitiva, este hombre demuestra que lo más importante no es no caer nunca sino saberse levantar, aprender de la caída, levantarse victorioso y seguir luchando sin olvidar que Dios está siempre a nuestro lado. De hecho él cuenta su historia con la intención de que su experiencia le pueda servir a otros.

Y debe servirnos para reflexionar en torno a muchos aspectos de nuestra vida. Debe servir también para percatarnos de que no valoramos casi nada de lo que tenemos y que en muchos casos es más lo que nos quejamos y renegamos que lo que agradecemos a Dios por tantas cosas hermosas que nos entrega día a día.

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